El pasado fin de semana, un grupo de más de 60 peregrinos ibicencos se desplazó hasta Madrid para participar en la vigilia con la juventud y la misa del Corpus con el Santo Padre. Fueron jornadas marcadas por la oración, la convivencia y la alegría de compartir la fe con miles de personas llegadas de distintos lugares, en un ambiente de auténtica comunión eclesial.
Para muchos de los participantes, la posibilidad de ver al Papa de cerca, escuchar sus palabras y formar parte de este acontecimiento ha supuesto una experiencia profundamente enriquecedora, que les ha permitido renovar su fe y fortalecer su compromiso cristiano. Más allá de los actos celebrados, los peregrinos destacan también los momentos de encuentro, amistad y fraternidad vividos durante el viaje.
De regreso a Ibiza, algunos de ellos han querido compartir sus impresiones y sentimientos tras esta experiencia. Sus testimonios reflejan la emoción, la gratitud y la esperanza con las que han vivido estos días, así como el impacto que las palabras y el testimonio del Santo Padre han dejado en sus vidas. A continuación, ofrecemos algunos de estos testimonios que permiten conocer, de primera mano, cómo han vivido los peregrinos ibicencos este encuentro tan especial.
Pablo Moncho, 36 AÑOS
Solo puedo decir que ha valido la pena: el calor bajo el sol, la espera de las colas, la incertidumbre del viaje, dejar un poco atrás las comodidades del finde en casa y salir al encuentro con el Sucesor de Pedro. La verdad es que jugaba con ventaja después de haber vivido otras peregrinaciones y saber que siempre he vuelto más contento y con una experiencia que queda en mi memoria para siempre. Al final, al Papa lo ves de refilón y los más afortunados, o en una pantalla, pero estoy muy feliz por ver una esperanza tanto en su figura, como en la juventud con ese silencio ensordecedor con miles de personas que, aunque en un futuro cada uno llevará su vida y su camino con sus luchas y sufrimientos, sé que estos momentos son una vivencia que les plantea otra opción diferente de ver las cosas. Dios no defrauda y nos está buscando. ¡Viva el Papa!
Pablo Moncho junto a su esposa, María.
Sharon, 26 AÑOS
De la muerte a la vida: una peregrinación que transformó mi corazón. Formo parte desde hace dos años de la comunidad del Camino Neocatecumenal de la Parroquia de Ntra. Sra. del Rosario, en Ibiza. Soy venezolana y emigré a España hace nueve años. Jamás habría imaginado que Dios me regalaría la inmensa oportunidad de sentirlo tan cerca y de vivir una experiencia tan especial junto al Santo Padre León XIV.
Participar en esta peregrinación a Madrid ha sido para mí una gran muestra del amor y la misericordia que Dios tiene conmigo. Sin embargo, debo reconocer que, cuando se anunció que la comunidad viajaría a Madrid, yo no sentí el deseo de asistir. No experimentaba la emoción que, en teoría, debería despertar un acontecimiento tan único. Por ello, había decidido completamente no ir. Todo cambió dos días antes de la partida. Mientras estaba en mi trabajo, durante la lectura del Evangelio, el Señor me regaló una palabra que transformó mi corazón. Al leerla, sentí una profunda conmoción: mi corazón latía con fuerza, las lágrimas brotaron y comprendí que había llegado el momento. Dios me estaba llamando a su presencia.
La frase que más me marcó fue: “Donde yo esté, también estará mi servidor”. En ese instante supe que debía ir a la peregrinación de cualquier manera. Sentí que el Señor me invitaba personalmente a estar allí.
La llegada a Madrid fue maravillosa. Vivir esta experiencia rodeada de mis hermanos en la fe fue un regalo inmenso. Durante aquellos días compartimos momentos de convivencia, oración, cantos y alegría. La emoción crecía a cada instante mientras esperábamos ver al Papa, unidos como una gran familia, recordando a los apóstoles reunidos junto a Jesús. Uno de los momentos más impactantes fue contemplar a millones de jóvenes reunidos para amar y adorar a Dios. Nunca imaginé que podría presenciar algo semejante. Ver tantos corazones entregados a la fe fue un testimonio vivo de que Cristo sigue actuando en el mundo. Personalmente, lo que más me marcó de esta peregrinación fue descubrir que no estoy sola. Comprendí que no soy una persona extraña por amar y seguir a Jesús. Como yo, existen millones de personas que desean vivir por Él y para Él. Esta certeza ha fortalecido mi fe y me anima a seguir caminando con esperanza.
Sharon a un lado de la pancarta «Ubi Petrus, ibi Ecclesia» (Donde está Pedro, está la Iglesia), durante la espera de la Santa Misa del domingo con el Papa.
María Fernanda, 17 AÑOS
Para mí era la primera vez que acudía a un acontecimiento de esta magnitud, rodeado de miles de jóvenes unidos por una misma fe y un mismo deseo de encontrarse con Cristo. Llegaba con las expectativas muy altas, pero la realidad las ha superado con creces. Es muy difícil poner en palabras todo lo que hemos vivido y sentido durante estos días. Han sido momentos de una intensidad espiritual enorme, en los que el ruido del mundo desaparecía y solo quedábamos Dios y nosotros. Entre cantos, oraciones, testimonios y celebraciones, he podido experimentar una alegría que nace de la fe y que es difícil encontrar en cualquier otro lugar.
Uno de los momentos más emocionantes fue poder ver al Santo Padre de cerca en varias ocasiones. Al verle pasar entre la multitud, sentía una emoción difícil de describir. No era simplemente la cercanía al Papa, sino la sensación de estar contemplando a quien nos recuerda constantemente la presencia de Cristo en medio de su Iglesia. Su cercanía, su mirada y sus palabras nos ayudaron a sentirnos parte de una gran familia que camina unida hacia Dios.
La vigilia del sábado fue, sin duda, uno de los momentos más especiales. Había una atmósfera única de oración, silencio y alegría compartida. Nadie quería que terminara. Mirar a mi alrededor y ver a tantos jóvenes rezando juntos, adorando al Señor y viviendo su fe sin miedo fue una experiencia que me marcó profundamente. En esos momentos comprendí que la Iglesia está viva y que somos muchos los que queremos seguir a Cristo con ilusión y esperanza.
Hemos dormido muy poco durante estos días. Entre la emoción de la vigilia, los encuentros, los desplazamientos y el madrugón para poder asistir a la Santa Misa presidida por el Papa, el descanso ha sido escaso. Sin embargo, el cansancio ha quedado completamente eclipsado por todo lo que hemos recibido. Cada minuto ha merecido la pena.
He regresado a Ibiza con el corazón lleno de gratitud. Gratitud a Dios por haberme permitido vivir esta experiencia, por los nuevos amigos, por los momentos de oración y por todo lo que he aprendido. Son recuerdos que guardaré siempre y que me animan a seguir creciendo en la fe, confiando en el Señor y siendo testigo de su amor en mi vida cotidiana. Ha sido un fin de semana inolvidable, de esos que dejan huella en el alma y que te recuerdan que, cuando Dios ocupa el centro de tu vida, todo cobra un sentido totalmente nuevo.
Pablo Huete
El viaje del Papa a España ha sido para mí de una alegría enorme desde el primer momento que lo supe. Tener la oportunidad de ver al Santo Padre es un regalo, pero poder acogerlo aquí, en nuestra casa, es algo que todavía no era consciente que tuviera la suerte de poder vivir.
La vigilia en Plaza de Lima fue algo indescriptible, miles y miles de jóvenes esperando al Papa y rezando junto a él hicieron de ese momento uno de esos que se quedan grabados en la retina y sobre todo en el corazón. Al día siguiente, en la misa en Cibeles, tuve la oportunidad de verle pasar muy cerca y de poder notar la alegría y paz que desprende. Sin duda es un acto que pasará a la historia, casi 1,6 millones de personas congregadas para celebrar el misterio de nuestra fe. También la procesión del Corpus con el Papa llevando el Santísimo mientras sonaba la canción de Majestad fue un momento muy bonito. El lunes tuve la suerte de poder participar en el encuentro del Bernabéu con más de 70.000 personas, todos escuchando al Santo Padre y disfrutando de un momento que, sin duda, emociona y transmite esperanza para nuestros días.
En conclusión, creo que a todos los que le hemos escuchado nos ha llamado la atención la profundidad de su mensaje, algunas reflexiones sobre el amor, la verdad y el respeto han sido pilares fundamentales que nos deja el Santo Padre sobre los que podemos cimentar y renovar la iglesia de España. Si me tengo que quedar con dos reflexiones, la primera de ellas sería: ‘Vosotros podéis cambiar la historia. Hacedlo con el amor’; en un mundo donde los conflictos se tienden a resolver mediante la violencia, el Papa nos llama a ser instrumentos de amor de Dios para cambiar nuestra sociedad. La segunda: ‘Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios’, el Papa nos llama a salir al encuentro del otro y ser testimonio vivo del mensaje de Jesús a los demás.
Doy gracias a Dios por darme la oportunidad de haber podido vivir esta experiencia y rezo para que dé fruto en nuestra diócesis y en las demás. Ojalá verle pronto. ¡Gloria a Dios!
Inés, 37 AÑOS
Esta peregrinación me ha llenado de vida, espero que por mucho tiempo. Jesús no se equivoca cuando nos dice: “No estáis solos”. Notar su presencia en la compañía de una multitud de personas provenientes de todas las partes del mundo ha sido maravilloso. No estamos solos.
En el metro de Madrid cantábamos salmos con las guitarras y panderetas, y he podido ver cómo la Palabra de Dios emocionaba a quienes nos escuchaban. Algunas personas grababan en vídeo los cantos con lágrimas en los ojos reflejando, a través de ellos, la grandeza del Señor haciéndose notar en sus vidas. ¡Qué pasada!
Algo que también me ha sorprendido muchísimo es ver cómo las personas que pasaban alrededor de nuestro grupo se sorprendían al ver que veníamos de Ibiza. Dios nos ama, nos cuida, y nos ha llamado para ser luz, sal y fermento en estas islas donde parece que la fe en Dios no tiene cabida. ¡Qué responsabilidad tan grande! Que el Señor nos ayude a poder llevar a cabo esta gran misión.
Inés durante la espera de la Vigilia de jóvenes del sábado con el Papa.