La parroquia y el pueblo de Sant Joan de Labritja celebran el miércoles, 24 de junio, su fiesta patronal. Con este motivo, a las 18:30 horas se oficiará una misa solemne, presidida por el obispo de Ibiza, Mons. Vicent Ribas, tras la cual saldrá la tradicional procesión.
La celebración de San Juan Bautista ha sido una de las fiestas más celebradas tradicionalmente en Ibiza y Formentera desde el siglo XIII.
Según cuenta el canónigo e historiador Joan Marí Cardona, en el siglo XVIII, Antoni Marí ‘Milà’, un hombre con muchas propiedades e intereses en la zona de Labritja, pensó que la mejor manera de que ese territorio se fuera poblando era que tuviera una capilla, por lo que se afanó en construirla en 1718.
En aquellos años había numerosas voces en distintos lugares de Ibiza reclamando la construcción de nuevas iglesias. Esas peticiones fueron una de las razones de la visita que hizo a la isla en 1726 el arzobispo de Tarragona Manuel de Samaniego. Uno de los nuevos templos que se solicitaba era para el quartó de Santa Eulària y se había proyectado en la zona de las Torres de Balàfia, pero al arzobispo no le pareció el mejor emplazamiento y ordenó que se construyera en Labritja, porque así los fieles de sa Cala también la tendrían más cercana. Aunque se barajaron varios lugares, finalmente se optó por construir la iglesia en las tierras de Cas Ripolls, donde ya existía la capilla de Sant Joan de Antoni ‘Milà’, entre otras cosas porque los habitantes de Labritja se negaron a construirla en otro lugar.
Las obras se prolongaron durante mucho tiempo y no concluyeron hasta 1782, poco antes de que se instituyera la diócesis de Ibiza. La nueva iglesia se puso también bajo la advocación de San Juan y la capilla quedó integrada como parte del nuevo templo. En 1785, con la creación de las nuevas parroquias, la iglesia se convirtió en parroquial.
En la segunda mitad del siglo XIX, el archiduque Luis Salvador de Austria recorrió Ibiza y escribió después el libro ‘Las Antiguas Pitiusas’ en el que hace una minuciosa descripción de sus observaciones. En él dejó escrito que la iglesia de Sant Joan, en cuyo entorno había contadas casas, era «la más solitaria de la isla».
